La decadencia de la tercera edad

La realidad ya no se puede esconder más, ni manipularla, ni engañarla. La realidad dice que este Barça está en el declive, en el proceso de caminar con la garrota y que el club necesita un cambio profundo y reflexivo porque la realidad te ha vapuleado otra vez. Después de que se haya querido esconder día a día volvió aparecer y con otra hemorragia de pronóstico muy complicado.

A todos les llegó su tiempo y a este Barça la fecha de caducidad cumplió hace meses. Nadie ha querido y ha sabido tomar ese relevo y ya la herida es muy profunda con un escaso nivel de vida y que si no se toman decisiones el futuro puede ser de un coma inducido con difícil salvación.

 

Ya se acabaron las coartadas de la Liga de los 100 puntos, de que estos futbolistas lo han demostrado todo y no se puede perder la confianza y que siempre se levantan. Ya no hay más discursos válidos. Las palabras se las llevó el viento y ahora llega el tiempo de los valientes, si verdaderamente los hay por los despachos del Camp Nou. Allí donde se fraguan contratos publicitarios millonarios es donde se debe decidir si cruzamos el paso de cebra y enterramos a este equipo en el cementerio de Les Corts o de verdad el proyecto deportivo está por encima de qataríes, brasileños o discursos demagogos y llenos de miseria.

 

Y la renovación ha comenzado mal. Este club es así y siempre lo será. De hace tres años Messi es un crack ahora hablar de venderlo. Antes que vender al futbolista que en cinco años se ha convertido en el máximo goleador de la historia, hay que reflexionar si de verdad queremos seguir compitiendo en lo deportivo o nos pasamos a lo económico. Y eso que lo decidan aquellos que cada día hablan de que los estatutos los legitiman. Tienen toda la razón, pero también la obligación de tomar decisiones y alejarse de las subidas y bajadas de la marea. Se les acabó la inercia, ahora comienzan las etapas de montaña, y es aquí donde se verá si son capaces de escalar, de pedalear, de ser constantes o si demuestran que dando dos ataques en los primeros kilómetros está todo hecho para llegar a la cima hundido, destrozado y muerto.

 

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Este equipo ya no sale jugando desde atrás, los centrales no se abren, ninguno es capaz de conducir y generar la primera superioridad en la línea del centro del campo. El mediocentro ya no ayuda como antes a generar superioridad en la salida del balón. La pelota nunca llega limpia a los interiores que siempre reciben de espaldas a portería y con toda la muralla contraria estructurada y esperándolo como se los zampan cuando se acerquen. No se juega con extremos. Este Barça, ese equipo que te llevaba hacia fuera con sus extremos para después machacarte por dentro. Ese conjunto que tenía a dos avispas por fuera que te punzaban con sus diagonales mortales y te abrían los espacios cuando se iban a la banda. De eso ya ni hablar, para qué vamos a jugar con extremos, menuda tontería. Ahora que cada uno se posicione donde quiera, que los laterales suban al mismo tiempo, que ninguno haga el desdoblamiento defensivo, que se junten tres jugadores en cinco metros, mientras por fuera domina la soledad. Así se ha convertido este equipo, en una señal donde los pesos pesados tienen que jugar aunque eso signifique la mayor descomposición táctica sobre el terreno de juego.

 

Y Messi, el centro del ecosistema, aquel que aparecía para finiquitar la obra de arte fraguada desde la portería propia. Aquel que ahora nos hemos olvidado de buscarlo, aquel que ahora no corre, que para tocar el balón debe venir a pedírselo al mediocentro. Y este es el verdadero problema, pensar que Messi anda y no corre, que quiere jugar el Mundial y pasa del Barça, en eso es lo que se esconden la gentes de los despachos y gran parte de sus altavoces. Messi solo es el reflejo de un conjunto que colectivamente no está trabajado. Ni se innova, ni se cambia durante los partidos, ni se hace absolutamente nada. Si Martino no está en el banquillo nadie lo echaría en falta. Busquets y Xavi, los dos mejores jugadores posicionalmente y que se ordenan y ordenan a sus compañeros, son los primeros desordenados del caos que vive este club que del cénit vuelve a pasar al fango.

 

Ni Messi es el problema, ni Iniesta, ni Busquets. El problema es mucho más profundo de lo que parece. Y viene desde arriba, allí que decidan lo que quieran, si volver a la base y comenzar de nuevo o seguir por aquí y pensar que solo ha sido un tropiezo, si realizar cambios profundos o continuar en esta mezquindad e indiferencia absoluta. Si de verdad se quiere jugar a todo esto que les enseñan a los niños desde los ocho años o se quiere jugar de manera muy diferente. Y lo más importante si aquí importan rodear a Messi, Iniesta y Busquets de jugadores con ganas, comprometidos, y de calidad o venderlos al poder de Qatar y que los palcos VIPs del 2021 sean la imagen de un club que desde arriba vive en la decadencia de la tercera edad.

 

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