La mentira del estilo

Corría el año 1954 y en la Europa Central unos húngaros maravillaban al mundo con un juego romántico, fabuloso y espectacular. Puskas, Czibor, Kocsis… lideraban a una selección majestuosa que en cuestión de unos años reinaba en el viejo continente de una manera apabullante e imponente. Asaltaron Wembley donde muchos expertos futbolísticos lo consideran el mejor partido de la historia del balompié. Hasta seis goles le metieron estos ‘magiares’ a una Inglaterra que solo pudo levantarse y aplaudir un juego fascinante y mayúsculo. De aquella selección se pasó al Madrid liderado por Di Stéfano y que contaba con Puskas en sus filas. Una década más tarde apareció la gigantesca delantera brasileña del Mundial del 70. Cinco ‘10’ (Pelé, Rivelinho, Tostao, Jairzinho y Gerson). Era la misma época en que por los Países Bajos aparecía un niño con melena desatada que encumbró al Ajax al romanticismo más poético con tres Copas de Europa y a una selección holandesa que fue la mejor de la década del 70 pero que se quedó sin ningún Mundial. Alemania primero y posteriormente Argentina la dejaron sin el preciado título mundialista. Siguieron apareciendo estrellas como Maradona pero en la década de los 90 algo cambió por la Ciudad Condal. El majestuoso niño de la melena que como futbolista iluminó el Camp Nou en 1974, llegaba como entrenador. No tenía ese pelo rubio tan largo pero si sabía lo que tenía que hacer. Los rondos, las conservaciones de balón, los extremos muy abiertos, el juego combinativo. En definitiva: EL JUEGO DE POSICIÓN.

 

Todos sabemos lo que significó esa llegada. El Barça en 1992 no tenía ninguna Copa de Europa y 19 años después sumó cuatro en sus vitrinas. Y todo a través de un estilo y modelo de juego que los niños aprenden desde que dejan la papilla. Si el Barça tenía algo admirado en estos últimos tiempos más allá de títulos y goles era un modelo de juego. Ningún equipo en el mundo disponía de una idea para afrontar cada compromiso de la alta competición. Muchos tenían grandes virtudes pero ninguno un patrón tan claro y definido para afrontar el fútbol con la pasión y determinación que lo hacía este Barça. Los grandes conjuntos de Europa venían a la prodigiosa Masía para ver entrenamientos y copiar ese ADN que era tan admirado cuando Xavi, Iniesta, Busquets, Messi, Piqué… lo desarrollaban en todos los terrenos de juego.

 

La sublimación y excelencia alcanzada con Guardiola de entrenador se ha marchitado en dos años de una manera radical y fulminante. La misma determinación con la que despiden y cambian de directores de comunicación. No han tenido ningún tipo de pena en ir dilapidando y apuntillando al juego de posición bajo los escudos paupérrimos del rencor y el odio más absoluto. Con una ineficaz e incompetente planificación y gestión futbolística se han escondido en el poder de los petrodólares que han conseguido engañar al socio y cambiar las reglas de juego. Ya no es fútbol romántico ahora es fútbol económico. Se compite por palcos VIPs, publicidad, nombres de estadios y nos hemos olvidado de que lo más importante es esa cosa redonda que rueda y gira por los talentos de las botas.

 

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Sergio Busquets celebrando junto a Neymar el gol de la victoria contra el Valencia. FOTO | http://www.sport.es

 

 

El Barça ha pasado de iluminar y maravillar al mundo a ser un equipo ramplón, mentiroso, rencoroso e indefinido en un fútbol que aburre y no le lleva a ningún lado, solo a la deriva de un barco que se perdió en el mar buscando petróleo y lo único que consigue es chapapote.

 

Al Barça ya no lo reconocen ni en Sant Joan Despí, donde entrena. Muchos de los formadores que han crecido y mamado una idea de juego desconocen este cambio tan radical que solo lleva a la miseria futbolística más profunda. No se trata ni de una transición porque no hay ningún tipo de cambio. En vez de crecer y aprender se hace todo lo contrario: ahondar en una herida que cada vez sangra más y con una hemorragia incurable en unos años. El cénit fue el partido de ayer en Valencia. Más que un equipo de fútbol parecía once jugadores que se juntan para pasar un rato y darle toques del balón y lo más triste es que desde el banquillo se transmite esta indefinición total. Las mentiras de tenemos un estilo y lo mantendremos se acabaron. Son tan Pinochos que ya no les puede crecer más la nariz. Unos trileros compulsivos que los persigue hasta la Justicia.

 

El ADN de este equipo se caracterizaba por los centrales muy abiertos, los laterales incorporados a la línea del centro del campo. Un mediocentro que ayudaba a los centrales a sacar el balón y dos interiores técnicamente majestuosos que saltaban las líneas de presión rivales con una facilidad pasmosa dándole continuidad a largas posesiones de balón que desorganizaban a los contrarios. Triangulaciones, tercer hombre y acabar por el lado contrario donde se encontrará el hombre libre. Un futbol lleno de riqueza táctica y con unos matices tan especiales pero realmente deliciosos. Ayer en Valencia fue lo contrario. Por primera vez y recordando una comida con un gran y estimado amigo me acordé de esa frase que me dijo y que tantos escalofríos me da: “El Barça jugará con doble pivote”. Yo cada vez que pensaba se me reproducía la pesadilla que significaba en mi mente imaginarme tal idea futbolística. Pues sí, ayer Mascherano formaba con Busquets que decían que hizo de interior. Lo único que recuerdo bueno de Busquets fue cuando en el minuto 70 se puso de mediocentro y comenzó a empujar al Valencia hacia su portería. Xavi, el mejor interior en la conservación de la pelota, estaba perdido en un sitio del que había sido expulsado para favorecer otro tipo de situaciones que aún no han sido explicadas.

 

No hace falta preguntarle más a Luis Enrique. Él no se cree esta idea de juego, nunca ha creído, este ADN es muy específico y complejo que lo tienes que mamar hasta la saciedad para confiar en él. Pero menos lo hacen los de arriba. Esos sí que nunca le ha gustado maravillar al mundo con el balón, ellos le gusta como han sido criados en ESADE, a través del dinero. Hubo momentos en los que si pones Diarra y Gago no se hubiese notado absolutamente nada. Porque la pelota por tenerla no sirve de nada y eso es lo que hace el Barça mes tras mes desde hace ya unos cuantos.

 

Recuerdo hace unos años cuando muchos se reían del Madrid por un juego indefinido y donde las estrellas acababan decidiendo una terrible descomposición colectiva. Entonces, estimados socios se reían, ahora callan porque la puñetera ‘pelotita’ entró en el minuto 93. Eso sucedió ayer. Yo me quedo con Guardiola y Jémez “si me meto atrás me meterán seis, mejor que me los metan yendo hacia adelante”. Para ser como el Madrid de Capello, prefiero ahogar al Valencia con un apabullante juego de posición y perder porque así ganaré ocho de diez partidos, pero haciendo lo que ayer se perderán ocho de cada diez partidos, y entonces gritaréis todos fruto del enorme desconocimiento que padecéis.

 

PD: Por desgracia ya lo advirtió Guardiola “se habla tanto de nosotros porque hemos ganado 14 títulos”. A pesar de esto, los escasos románticos que quedamos seguiremos amando la belleza poética con la que circula cada balón de bota a bota a un ritmo de orquesta con una partitura sublime, siempre y cuando estos petrodólares y sus capataces no acaben de cargárselo.

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