La moción de censura abre una oportunidad de cambio

Irene Montero, portavoz de Unidos Podemos, interviene en el debate de la moción de censura. FOTO | Dani Gago

La moción de censura ha acabado. Algunos la calificarán de fracaso total y ridículo esperpéntico de Pablo Iglesias y la izquierda española. Otros la valorarán de un buen termómetro donde se ha hablado de la necesidad de echar al PP del gobierno de este país. Yo califico esta moción de censura como una oportunidad de construir una alternativa de un gobierno diferente al que hay, de cambiar las políticas de un partido carcomido por el cáncer de la corrupción y demostrar que existe un giro al que PP y su mano derecha, Ciudadanos, nos tiene acostumbrados. Pero para que esto exista, se debe conjugar una alternativa que necesariamente pasa porque PSOE y Unidos Podemos se pongan de acuerdo, no solo entre ellos, sino con los nacionalistas e independentistas vascos y catalanes. Desgranaré el punto en el que estamos y como hemos llegado a este punto desde las elecciones de Diciembre de 2015 y la alternativa que tenemos en el futuro.

PP pierde la mayoría absoluta

El 20 de diciembre de 2015, el PP perdió la mayoría absoluta y por primera vez en este país se estableció un Congreso donde ni PP ni PSOE contaban con amplias mayorías. El Parlamento estaba más fragmentado que nunca y se abrían un cauce para derrocar a Mariano Rajoy del Gobierno y construir una alternativa.

Hoy, año y medio después del 20 de diciembre de 2015, el PSOE sigue repitiendo la misma canción de aquella época: Podemos no quiso un cambio. No por repetir una mentira un millón de veces se convertirá en verdad. El PP sacó 123 diputados, muy lejos de los 186 que obtuvo en 2011 y le dieron la mayoría absoluta. Si sumaba los 40 de Ciudadanos se colocaba en 163 diputados, lejos aún de los 176 que permite gobernar. Mariano Rajoy activo el plan: ni estoy ni se me espera. Ya se quemarán otros. Y otros se quemaron, sobretodo, Pedro Sánchez. El Secretario General del PSOE intentó lo que nadie hubiese intentado, un pacto con Ciudadanos con los que sumaban 130 diputados, a 45 de la mayoría absoluta y pasarle la pelota caliente a la izquierda. La estrategia era tan nefasta que el 30 de octubre de 2016, en el programa de Salvados, Pedro Sánchez,  que ya había sido derrocado como Secretario General del PSOE, admitió que se equivocó pactando con Ciudadanos y no con Podemos. Y se equivocó porque el pacto con Podemos daba 161 diputados, solo dos menos que la suma PP y Ciudadanos, pero se jugaba la baza que el resto de partidos (nacionalistas e independentistas vascos y catalanes) veían con mejores ojos la suma PSOE y Podemos, a la de PP y Ciudadanos. Mientras que los 163 de PP y Ciudadanos era su tope, los 161 de PSOE y Podemos podían sumar a favor los 25 que tenían (Esquerra Republicana de Catalunya, Partit Demócrata de Catalunya, Partido Nacionalista Vasco y EH Bildu).

PP refuerza su victoria pero sigue sin mayoría absoluta

Tras no ver un acuerdo de investidura, las elecciones se vuelven a repetir el 26 de junio de 2016. A Mariano Rajoy le sale su jugada del silencio muy bien porque saca 14 diputados más que en diciembre, sumando 137, pero sigue sin tener 176 diputados que le otorguen la mayoría absoluta. Ciudadanos cae de 40 a 32 diputados y con la suma del escaño de Coalición Canarias solo es capaz de tener 170 diputados. Enfrente, tiene 180 diputados, pero incapaces de formar una mayoría. Y aquí es donde el PSOE estalla, revienta tanto que entre ellos se declaran la guerra. Una guerra que acabó con Pedro Sánchez fuera, con el partido dividido y con las escopetas cargadas tras las trincheras de cada bando. El terremoto socialista fue tan brutal que entre ellos y sin que nadie intermediase, se desangraron. Aquí es donde Josep Borrell dijo aquella frase: “Entre nosotros nos mentimos. No nos dijimos la verdad. Mientras algunos decían NO a Rajoy en el Comité Federal, por detrás negociaban la abstención”. Y es que el PSOE dijo el triple NO que en ningún momento era complementario: NO a Rajoy, NO a formar un gobierno alternativo y NO a terceras elecciones. Son tres NO, que si activas el primero, inmediatamente el segundo se convierte en un SÍ, porque sino el tercero se hace realidad. Y vuelvo a Borrell: “Tras el 26 de Junio teníamos que haber puesto las cartas encima de la mesa. Inmediatamente tras votar NO a Rajoy en el Comité Federal de Julio, se tenía que haber intentado un gobierno alternativo con Unidos Podemos y buscar el acuerdo con los independentistas y nacionalistas vascos y catalanes”. El PSOE no activó ni un plan, solo cuando Pedro Sánchez se vio contra las cuerdas dijo que iba a intentar un gobierno, lo que provocó que el ala más de derechas, que hace políticas de derechas, que viven de la derecha y que son de derechas se llevó por delante a su secretario general que desde dentro del mismo PSOE calificaron la maniobra como un golpe de Estado.

Rajoy aplicó el mismo método que en diciembre de 2015: ni estoy ni se me espera. Toda la presión recayó sobre un PSOE que al final acabó con su grupo dividido, absteniéndose la mayoría, mientras 15 diputados se saltaban la disciplina de partido y votaban NO a Rajoy. El PSOE dijo que su abstención no significaba en ningún caso apoyar a Rajoy y que serían imprescindibles en la legislatura. A Rajoy le dieron los regalos de Navidad anticipadamente, porque le regalaron otro tiempo más en la Moncloa mientras lleva 9 meses riéndose del PSOE. Porque en la votación de investidura, Pedro Quevedo (Nueva Canarias) y Partido Nacionalista Vasco, votaron NO a Rajoy. Hoy estos partidos, han votado a favor de los presupuestos del PP y Rajoy le ha dicho al PSOE, una vez más, GRACIAS. No os necesito ni os necesitaré, pero GRACIAS por la abstención. Y el PSOE vio como el partido, Ciudadanos, con el que habían llegado a un acuerdo meses antes y lo vendían como el cambio, ya estaba en los brazos del PP, propósito por el que los bancos apostaron por Albert Rivera, pura muleta del PP.

Pedro Sánchez gana las primarias en el PSOE

Pedro Sánchez salió del PSOE como un héroe para su militancia. Seis meses después, ha ganado con una rotundidad, aplastando a una Susana Díaz que fuera de Andalucía es un cadáver político y que sus métodos de caudillo que utilizó para echar a Pedro Sánchez son más propios de otros partidos y de otros tiempos. Ni con el poder económico se gana ni muchos menos se impone nada. A la gente se le toma por idiota una vez, dos no.

La victoria de Pedro Sánchez abre nuevos aires. Como él mismo reconoció “tengo que trabajar con Podemos codo a codo” y “me equivoqué pactando con Ciudadanos”. Esperemos que no sean cantos al aire y si sea capaz de transformar con los 180 diputados que hoy se suman tras abstención y SI a la moción de censura, una alternativa a los 170 de PP, Ciudadanos y Coalición Canaria. Porque si Pedro Sánchez sigue pensando que para echar a Rajoy, pactará con Albert Rivera y su Ciudadanos, no ha entendido absolutamente nada de porque en su partido lo derrocaron.

Derecho a decidir y la oportunidad del cambio

La vía para echar a Rajoy se ha abierto. En Catalunya, el proceso para el referéndum ya ha comenzado. Coaligar los dos asuntos y conjugarlos de forma conjunta es el reto. El reto más importante que tenemos por delante. Si ninguno de los dos salen adelante, el PP campará a sus anchas para que este país sea su cuna. Porque el cambio pasa porque PSOE y Unidos Podemos lleguen acuerdos con los nacionalistas e independentistas vascos y catalanes, que en el caso de los catalanes han apostado por llegar al paso definitivo del derecho a decidir. Pero, estos a su vez, necesitan que PSOE y Unidos Podemos defiendan el referéndum y lo reconozcan. En las intervenciones de estos días, Pablo Iglesias ha dicho que estará del lado de la democracia: votar. El PSOE sigue en ese juego de no enterarse de que va el tema. Si quieren gobernar en este país, no tienen más solución que aceptar la realidad vasca y catalana con sus mayorías parlamentarias totalmente diferentes a las del resto del país y para ello debe dejarse de hablar de la plurinacionalidad del Estado, mientras llama a Mariano Rajoy explicándole que se posicionarán de su lado contra el referéndum catalán. Porque Pedro Sánchez tiene dos vías: o se posiciona del lado de la mayoría de la sociedad catalana que quiere votar, donde entre ellos están muchos militantes del Partit Socialista de Catalunya, o se pone del lado de los que hablan por los medios de comunicación de que van a usar toda la fuerza del Estado y esto es un golpe de Estado. ¿Y fuerza qué es? ¿Y golpe de Estado qué es: votar o sacar los tanques como hicieron los nacionales en el 36? ¿O lo qué dijo el ex ministro Margallo de requisar las urnas y controlar a los Mossos? ¿O ese “prefiero no contestar” de Cospedal cuando le preguntaron si habrá una intervención militar en Catalunya?

A estas preguntas se tiene que contestar Pedro Sánchez y el PSOE. No quiero imaginarme que se posicionen del lado del PP y si busquen la solución y alternativa para que el PP no siga gobernando y en Catalunya se vote. Hace 11 años, el PSOE vio como el PP le boicoteó en el Tribunal Constitucional la reforma de un ‘Estatut’ que ya hablaba de nación catalana y no solo eso, sino que fue respaldado por la gran mayoría del pueblo catalán en un referéndum. Un ‘Estatut’ que se promulgó con el Partit Socialista de Catalunya gobernando en Catalunya junto a Esquerra Republicana de Catalunya e Iniciativa per Catalunya.

Tanto Joan Baldoví (Compromís) como Joan Tardà (Esquerra Republicana de Catalunya) en sus intervenciones durante el debate de la moción de censura, se dirigieron al PSOE para que se una y construyamos un cambio alternativo al PP. Porque no solo da la aritmética parlamentaria, sino porque hay muchos retos en juego: referéndum en Catalunya, el estiércol corrupto al que huele el PP y desalojarlos del Gobierno. Las tres partes se retroalimentan. Echar al PP es una prioridad que sino se consigue sería un fracaso para todos los partidos que defienden que hay una alternativa y posicionarse junto al PP en el tema catalán demostraría una nula calidad democrática. La moción de censura abre un camino y una oportunidad porque lo que tenemos en juego es el futuro.

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