Adiós al mejor guionista

“Andrés no corre, se desliza por el campo. Es un jugador de hockey patines, se va deslizando y observando todo lo que tiene a su alrededor”. Pep Guardiola describe de esta manera como definía Tito Vilanova, que en paz descanse, a Iniesta. Un testimonio de los muchos que aparecen en ‘La jugada de mi vida’, el libro que entra en el corazón de Andrés que junto a los periodistas Ramón Besa y Marcos López, describe todo lo que ha sido su trayectoria en torno al balón. Un balón que no se para en el campo, sino que se adentra en el interior de Andrés donde cuenta todo lo que ha vivido desde que driblaba las sillas del bar Luján de su familia en Fuentealbilla hasta la última croqueta acompañada del “oh” del Camp Nou.

Andrés Iniesta es el guionista de estos tiempos. Nadie como él sabe pensar, inspirarse y escribir cada obra. Sabe redactar lo que va a pasar en cada momento. Es un extraordinario observador que luego traslada a su obra lo mejor que ha visto. Admiraba a Guardiola y Laudrup, observó cómo cada uno hacía las cosas en el campo. Guardiola con su panorámica; Laudrup con su talento innato. De Pep, la velocidad de mente para pasar la pelota; de Michael esa croqueta donde la pelota se deslizaba como el patinador se desliza sobre el hielo.

“Xavi e Iniesta, los dos. Juntos siempre”, Pep Guardiola

Ese trabajo de campo de Andrés le ha servido para que en cada obra su guión fuese perfecto: los 90 minutos de cada función estaban perfectamente diseñados. Solo él sabía cuando entraba la música, cuando participaban los actores, cuando sufrían los actores rivales, cuando llegaba su hora para componer su sinfonía. En su jardín favorito, bailaba con una coordinación maravillosa, excelsa, moviendo los pies y el cuerpo al ritmo que su cerebro marcaba. Ahora acelero, ahora freno. Elegía el instante preciso para cambiar de ritmo. Siempre junto al balón, un instrumento que se afinaba cuando Andrés lo acariciaba, que sonaba al son que Iniesta marcaba. La pelota siempre quiso estar con Andrés porque nadie la protegía como lo hacía él. Los dos disfrutaban mientras se deslizaban por un jardín que estaba cuidado para disfrutar de otra función extraordinaria.

Andrés junto a sus amigos Xavi y Leo han compuesto la mejor película que el Barça soñó. La Masía los educó en un idioma muy complejo pero que te abría las puertas de la excelencia y ellos juntos se doctoraron para mientras uno (Xavi) dirigía, otro (Andrés) escribía el guión y el último (Messi) interpretaba la obra con un papel sublime. Tres generaciones separadas en sólo siete años han compuesto un relato inimaginable. En el citado libro ‘La jugada de mi vida’, Guardiola daba su respuesta a la pregunta de ¿Xavi o Iniesta?. “Xavi e Iniesta, los dos. Juntos siempre. No es que no puedan jugar juntos. Lo que no pueden es jugar separados”. Y es que siempre ha existido la idea de que ambos no podían jugar juntos. “Eran muy frágiles físicamente”, “bajitos” o “no tienen fuerza”, comentarios que se escuchaban muy a menudo. Como si hubiera que medir dos metros para jugar al fútbol. Ambos tenían lo que nadie más podía tener: un cerebro a la velocidad del rayo. Y con ese cerebro, el músculo más importante para jugar al fútbol, como definió el padre de todos, Johan Cruyff, han derrumbado todos los muros que los rivales han puesto durante 18 años. Con su rapidez en la toma de decisiones, su perfecta y depurada técnica, su maravilloso baile junto al balón y su mirada íntima lo han ganado todo. Y siempre con la misma humildad desde el primer entrenamiento con el primer equipo.

“En su jardín favorito, bailaba con una coordinación maravillosa, excelsa, moviendo los pies y el cuerpo al ritmo que su cerebro marcaba”

Stamford Bridge, Johannesburgo, la tanda de penaltis en las semifinales de la Eurocopa de 2012… Cada escenario lleva el nombre de Andrés. En cada uno dejó un recuerdo imborrable para el fútbol y el deporte. Cada vez que saltaba al jardín, la pelota sonreía porque Andrés siempre la acariciaba. Su última función acabó. Iniesta se ha despedido dejando un legado imborrable pero lo ha hecho como llegó a La Masía: sin una palabra más alta que otra, con su timidez pero con su sonrisa y humildad que se ha ganado el respeto de todos.

El Barça se queda más huérfano, Messi se queda solo pero sabe que tiene un último encargo: interpretar su último papel de actor que Xavi e Iniesta han dejado escrito en el jardín del Camp Nou para que Leo ponga la última escena a la mejor película de la historia del Barça.

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